domingo, 25 de mayo de 2008

Ciudadanía

Estado y ciudadanía:

Una de las tareas más urgentes de la filosofía moral y política consiste hoy en analizar la relación que guardan entre sí el Estado Nacional y la ciudadanía.
Las objeciones contra el Estado Nacional son:
- El proceso de globalización y tribalización de las sociedades actuales resta protagonismo a las unidades políticas intermedias.
- El creciente neoliberalismo proclama la imposibilidad del Estado de Bienestar para mantener el orden que necesita el mercado.
- La gente progresista entiende que el Estado Nacional es necesario para garantizar la protección de la ciudadanía, capaz de generar entre sus miembros una conciencia de identidad peculiar a la que se denomina ciudadanía.
Los Estados Nacionales son concientes de la importancia de generar unidades trasnacionales sin dejar de lado el protagonismo de los ciudadanos.

Ciudadanía: una peculiar identidad
El vocablo ciudadano es uno de los más antiguos en la tradición social y política de Occidente. Posee gran cantidad de connotaciones.
Una necesidad profundamente sentida en los países con democracia liberal, de fortalecer entre sus miembros ese sentimiento de pertenencia.
El proceso de globalización provoca una sensación de desarraigo. Los grados de pertenecer a un Estado Nacional son diversos Ej.: “trabajador invitado”, “refugiado”, “asilado”, ciudadano.

Ciudadanía legal: Nace en la Roma imperial. Una forma legal de pertenencia a la comunidad política es a través de la cédula de identidad o pasaporte que consiste en una suerte de contrato entre el Estado y el ciudadano. Resulta inevitable preguntarse si las sociedades modernas han cumplido con el compromiso de tratar a los ciudadanos correctamente, lo que trae como una de las consecuencias que los ciudadanos insatisfechos busquen otras formas de comunidad política de las que sentirse miembros. El Estado Nacional debe cumplir con la tarea que le corresponde tomando conciencia de que existe por y para los ciudadanos.

Ciudadanía política: Nace en la Grecia clásica y llega hasta nuestros días de la mano de las tradiciones republicanas. Desde esta perspectiva, es ciudadano el que participa en las deliberaciones y decisiones que se toman en torno a las cuestiones públicas. Una sociedad bien articulada posibilita la participación de los ciudadanos. Difícilmente una ciudadanía será participativa si no ve protegidos los elementales derechos de justicia, de los que debe hacerse cargo un Estado social.

Ciudadanía Social: El concepto de "ciudadanía" que se ha convertido en canónico en los últimos tiempos es el de "ciudadanía social", tal como T.H. Marshall lo concibió hace medio siglo: es ciudadano aquél que en una comunidad política ve protegidos sus derechos civiles (libertades individuales), políticos (participación política) y sociales (trabajo, educación, salud y calidad de vida). Pocas sociedades han tratado y tratan a sus miembros como ciudadanos sociales. Podemos decir que la ciudadanía legal y política en nuestro planeta Tierra es un bien escaso, pero que infinitamente más escaso es el bien de la ciudadanía social.

El concepto de ciudadanía social está hoy sometido a duras críticas.

Muchos autores consideran que los derechos sociales no pueden formar parte del concepto de ciudadanía, sino que basta con los civiles y políticos, y aducen para ello al menos tres tipos de razones:

1) El primer conjunto de razones afecta al Estado de bienestar. Este modelo de Estado ha generado ciudadanos pasivos, dependientes, incapaces de asumir sus responsabilidades.

2) Parece que los derechos sociales pueden entrar en conflicto con los derechos civiles y políticos, ya que los ciudadanos dependientes deben permitir la intervención estatal con todo su aparejo burocrático.

3) Este tipo de derechos depende de la distribución de un recurso inevitablemente escaso, con lo cual están sujetos a políticas discrecionales y no pueden garantizarse universalmente.
La conclusión de este triple conjunto de obstáculos que lo aducen como crítica al concepto de ciudadanía social es que es ciudadano aquél cuyos derechos civiles y políticos son protegidos, quedando los sociales "fuera" del concepto.

Un segundo grupo de autores, sostienen que el concepto de "ciudadano" contiene el reconocimiento de los derechos sociales de justicia, sin que en ese reconocimiento quepa admitir rebajas.
Razones que este segundo grupo de autores aduce para mantener la exigencia de los derechos sociales.
1) La protección es requisito indispensable para tratar como ciudadanos a los miembros de una comunidad política, porque las desigualdades que genera el mercado tienen que ser corregidas para que se produzca la igualdad exigida por el ideal democrático.
2) Sin la protección de los derechos sociales, mal podrá ejercer su libertad civil y su autonomía política quien carece de los recursos materiales básicos para hacerlo.
3) La Ciudadanía es un tipo de relación que se caracteriza por tener una dirección doble: de la comunidad hacia el ciudadano y del ciudadano hacia la comunidad. Sin duda, el ciudadano contrae unos deberes con respecto a la comunidad y, en consecuencia, debería asumir activamente sus responsabilidades en ella, aspecto que el Estado de bienestar ha cuidado poco. Pero también es verdad que sólo puede exigirse a un ciudadano que asuma tales responsabilidades cuando la comunidad política ha demostrado claramente que le reconoce como un miembro suyo, como alguien perteneciente a ella.

Hegel decía que la falsedad de un liberalismo individualista consiste en describir la sociedad como si estuviera formada por individuos atomizados que deciden arbitrariamente formar una comunidad; cuando lo psicosocialmente cierto es que las personas cobramos nuestra identidad y autoestima en el seno de una comunidad que nos reconoce derechos o nos los niega, que nos hace saber que somos miembros suyos o nos hace sentirnos extraños.

Ciudadanos como protagonistas
El concepto crítico de ciudadanía social exige discernir con la mayor claridad posible cuáles son los derechos sociales irrenunciables caracterizados como derechos de justicia y no como derechos de bienestar. Exige a los ciudadanos asumir su responsabilidad y, por ende, su protagonismo, en la construcción de una sociedad de justicia.
Este concepto debería ampliarse con una nueva formulación del imperativo categórico kantiano de la universalización, que podría llamarse el "imperativo de la universalización de las responsabilidades", más que el de la "universalización de los deberes". Decía el imperativo kantiano que para dilucidar si son o no deberes morales tenemos que considerar si los universalizaríamos (o no).
Según Adela Cortina, hay que complementar esta universalización del deber con una universalización de la responsabilidad, afirmando que "yo no puedo reclamar para mí como humano un derecho que no esté dispuesta a reclamar con igual fuerza para cualquier ser humano y a trabajar responsablemente por que se le proteja".
Exigir y reclamar derechos desde una confortable vida privada no es sólo una expresión de cinismo. Significa hacer dejación de la propia responsabilidad o, lo que es idéntico, hacer dejación de la propia humanidad. Porque la persona, a diferencia del animal, tiene la capacidad de responder de su mundo, de ser protagonista de su vida.

"Si rehusamos ser los protagonistas de nuestra historia, podemos tener la certeza de que nadie la hará por nosotros, porque nadie puede hacerla".

El viejo dicho de la sabiduría popular "nadie es insustituible" se hace una vez más falso, porque las personas de carne y hueso -los ciudadanos- somos insustituibles en la construcción de nuestro mundo. Puede decirse sin temor a errar que la moral de una sociedad civil -la moral cívica-, o la hacemos las "personas de la calle", o no se hará, y se disolverá en la Nada como el Reino de Fantasía, del que nos hablaba Michael Ende en su Historia interminable.
Urge, pues, pasar del "estado de masa" al "estado de pueblo", para eso hace falta encarnar vitalmente esa moral por la que las personas nos empeñamos en serio en crear juntos un mundo más humano, para lo cual no bastará en absoluto un individualismo tolerante, sino que hará falta mucho más. Lo primero, tomar clara conciencia de que somos nosotros los protagonistas de nuestra vida común, los que hemos de elegir entre construir un pueblo o quedar en masa disgregada.



Verónica Mengoni
Mariana Orellano

Primer Año de Ciencias Sociales
CIUDADANIA:
Manuel Ossorio (politicologo) dice que, la ciudadania, es un concepto de dificil definición por cuanto presenta matices muy diversos. Dice que "el Diccionario de la Academia se limita a decir que es calidad y derecho de ciudadano; o sea, natural o vecino de una ciudad. El concepto resulta sumamente deficiente porque la ciudadania esta mas atribuida a una nacion que a una ciudad y porque se puede ser vecino de ciudad sin ser ciudadano de un pais.
Estrada, la define como la condicion juridica en cuya virtud los individuos intervienen en el ejercicio de la potestad politica de una sociedad determinada. Esto se aproxima más la verdad, pero no del todo; en primer lugar, porque los residentes de una ciudad de cuya nacion no son ciudadanos, pueden ejercitar ciertos derechos politicos, especialmente de orden municipal, y en segundo termino, porque hay ciudadanos, como los que lo son por naturalizacion, que no pueden ejercer algunos derechos politicos, como el desempeño de determinadas magistraturas."
Sanchez Viamonte dice, "la ciudadanía es una institucion que habilita para los ejercicios de todos los derechos politicos y comporta deberes y responsabilidades correlativos respecto del estado". La definicion es clara, aun cuando cabe observar, segun sea dicho, que se puede ostentar la ciudadania de un pais sin tener todos los derechos politicos. El mismo autor lo comprende asi, "cuando dice que, ciudadano es el individuo miembro del cuerpo social que interviene en la formacion del gobierno que participa en la sancion de la constitucion y de las leyes por medio de sus representantes, que esta facultado para controlar el desempeño de las funciones publicas y que asume una parte de al responsabilidad que incumbe al pueblo, como titular de la soberania"
María Fernanda Policrite
Ciclo Lectivo 2010

4 comentarios:

Liliana dijo...

La relación entre Estado y ciudadanía, es uno de los ejes sobre los que se articula la filosofía política. ¿Cuál es la noción de ciudadanía que aparece en la doctrina aristotélica de la política y cómo se diferencia de la concepción hobbesiana?

Verónica Mengoni dijo...

En Aristóteles el ciudadano es aquel que participa en la polis donde se debaten y de deciden las cuestiones de interés público. Aristóteles dice que el hombre por naturaleza es un animal político. Para ser ciudadano ateniense debía reunir distintas características como ser varon mayor de edad, hijo de ateniense y asi podría participar en la polis.
En Hobbes el estado de naturaleza del hombre es una constante lucha , “ todos contra todos”. Entonces para poder preservar la vida es que se crea el Pacto de Sujecion y Asociacion, donde se crea el aparato del Estado como un artificio y se reconoce a un tercero como soberano. En este sentido es que cuando el hombre realiza los pactos pasa del Estado de naturaleza a ser ciudadano.

Liliana dijo...

Muy interesante la idea de que el hombre se vuelve ciudadano, según Hobbes, en la medida en que acepta el pacto de asociación (con otros individuos libres e iguales) y el pacto de sujeción (a la soberanía del príncipe o monarca). Esto permite pensar que no hay ciudadano sin Estado, del mismo modo que no hay Estados (como artificios de naturaleza política) sin ciudadanos. Aunque para Aristóteles sólo hay "ciudadanos de la polis", en cuanto el hombre es, por naturaleza un "animal político", como recalca no sólo Verónica, sino también Cristian y Francisco en la entrada "Política".
Creo que la diferencia también puede ser pensada en estos términos, esto es, de supuestos antropológicos -o sea, respecto de la "naturaleza humana"- que organizan las teorías políticas. ¿Qué opinan al respecto?

Juan Delamer dijo...

Para aristoteles dice que el hombre por naturaleza es un amimal politico y debe vivir con otros hombres por que no puede vivir solo.
Para hobbes el hombre,en el estado de naturaleza, no puede vivir con otros hombres por q cada un busca su interes. el hombre es un "lobo" para el otro,y asi se acuerdan dos pactos:uno de sujecion y uno de asocciacion.el estado es una coercion artificial para evitar un muerte violenta.