domingo, 25 de mayo de 2008

Estado

Según Rousseau, el Estado es un producto del contrato social, por tanto convencional y que no tiene ningún sentido hablar de ley natural o derechos naturales; no hay más ley y derecho que los que propone la voluntad general.
Rousseau llegó al convencimiento de que el hombre naturalmente bueno, actúa mal, forzado por la sociedad que lo corrompe al privarle de verdadera libertad .Una vez formulado este principio, intentará explicar por qué las cosas son de esta manera y cuál debe ser el camino a seguir para salir de esta situación.
La razón es clara para Rousseau: porque, en la sociedad, ha perdido la libertad. Esto ha sucedido porque la división del trabajo llevó a la propiedad privada, ésta, a la desigualdad, con la consiguiente dominación de unos sobre otros, y, finalmente, por la opresión también política, consecuencia de la económica. La pérdida de libertad hace que el hombre ya no sea dueño y responsable de sus actos. Además, esta desigualdad hace que la misma razón se pervierta, haciendo que el estudio y la misma filosofía sólo sirvan para intentar demostrar la propia superioridad y para justificar las consecuencias de la pérdida de libertad , tanto a nivel personal como político. Rousseau piensa, pues, haber demostrado que mientras no se cambien las condiciones sociales, no serán posibles la verdadera libertad y felicidad del hombre, que seguirá forzado a estar mal.
Pareciera lógico esperar que Rousseau propusiese volver a la situación de primitiva igualdad, aboliendo la propiedad privada, cosa que, sin embargo, no hace, pues afirma que los acontecimientos históricos que condujeron a la propiedad no pueden desandarse.
Para justificar su teoría recurre al modelo del “Contrato Social”, recurso todavía muy utilizado en su época, pero que, dada su visión del hombre primitivo y de la sociedad, era innecesario y, en gran medida, contradictorio. El hombre primitivo no sería un ser social ni moral; sería como un animal, libre y feliz, capaz de satisfacer sus necesidades de nutrición, reproducción y descanso. No conociendo el lenguaje, invento social, no podría razonar ni tener, por tanto, ninguna regla moral; sería un benévolo, ya que la búsqueda de su propio bienestar vendría condicionada por su repugnancia ante el sufrimiento ajeno, por su única virtud natural: la compasión.
El hombre ha pasado de una vida animal, puramente instintiva y estúpida, a una vida más rica en que las relaciones se desarrollan en base a unas normas inventadas en sociedad; el hombre se ha civilizado. El problema estriba en que, por accidente, los hombres han creado una estructura social con tanta desigualdad que de ella se ha seguido una reata de consecuencias negativas que hacen que la sociedad esté corrompida y sea causa de corrupción del hombre, incluida su razón; se ha llegado a un extremo en que “ Un hombre que piensa es un animal depravado”.
Para Rousseau: habrá que restaurar al hombre en su bondad natural, devolviéndole su libertad primigenia, mediante la unión de la razón, producto de la sociedad, con el sentimiento de benevolencia, previa a ella, y para esto será preciso eliminar las graves desigualdades que pervierten al hombre, haciéndolo egoísta y agresivo.
Para Rousseau sólo existe una solución: aplicar fielmente el “Contrato Social”. Por él, todos y cada uno de los individuos hacen entrega a la comunidad de todos sus derechos (en el sentido de pretensiones, reivindicaciones); como esta sesión se hace a la comunidad total y no a ninguna otra persona o grupo, la voluntad y los derechos de cada individuo no quedan sometidos a los de ningún otro, sino a la “Voluntad general” de esa persona colectiva de la cual él es una parte.
Esa voluntad general busca siempre el bien común, es decir, la defensa de la persona y de la propiedad de cada miembro, y, por lo tanto, lo mismo que buscaba cada uno de los individuos en el “Estado de Naturaleza”. De esta forma, además de quedar garantizada la moralidad, cuando se obedece a la “Voluntad general”, queda también garantizada la libertad individual, ya que se esta obedeciendo a sí mismo. Para que este sea auténtico, es preciso que la soberanía resida en la comunidad, cuya voluntad es la “Voluntad general” y que esta no quede suplantada por la de un grupo o asamblea de representantes. El poder legislativo ha de quedar directamente en manos de la comunidad, y la voz y voto de cada ciudadano han de tener idéntico valor.
El gobierno puede adoptar las formas de monarquía, aristocracia o democracia, según sean las circunstancias del país (tamaño, clima, etc.), pero estará siempre subordinado a las decisiones de la comunidad, de las cuales es un mero administrador. Rousseau subraya que lo fundamental es que no sólo se reconozca la suprema soberanía de la comunidad, sino que esta produzca la voluntad general a través de un sistema legislativo de democracia directa. Cuando alguna ley deba elaborarse por un grupo de personas, se requerirá para su aprobación un referéndum de la comunidad.
Para Rousseau la “Voluntad general” es absoluta e infalible; ella determina qué es el bien común. Si algún individuo disiente con respecto a alguna ley de la comunidad, y esté bien formado como ciudadano, reconocerá que, a pesar de su punto de vista, esa ley tiende también a su bien común, debería ser obligado a obedecer. Rousseau llega decir que se le obligaría a ser libre. La voluntad general no se equivoca, pero es concebible que la mayoría o todos se equivoquen buscando cada cual lo que se considera su provecho particular. Esta posibilidad, sin embargo, tanto mas pequeña cuanto más grande sea la mayoría y cuanto mejor formados estén los ciudadanos, cuanto mas “virtuosos” serán.
De la necesidad de ciudadanos virtuosos deduce Rousseau la necesidad de crear una alta moralidad social. Para ello, considera necesario que el Estado regule la actividad económica de forma que se evite la excesiva desigualdad; deberá regular también la religión y la opinión publica, para que lo ciudadanos aprendan a pensar, en primer lugar, en el bien común. Habrá que establecer un sistema de censura, con el fin de evitar que las opiniones de los ciudadanos puedan corromperse, y una “religión civil”, cuyo contenido será determinado por la voluntad general, de forma que la atención de los ciudadanos e dirija hacia el bien de la comunidad en lugar de pensar en otro mundo. Con estas medidas podrá conseguirse la virtud del patriotismo, por la que los ciudadanos identificaran el bien de la PATRIA con el propio bien.
Una dificultad para establecer este tipo de sociedad es que exigiría unos ciudadanos virtuosos y que estos podrían conseguirse en esa sociedad ya establecida. Por ello, Rousseau indica que habría que acercarse a esa situación estable, en la medida de lo posible, por medio de unos legisladores transitorios que iniciarían el proceso y lo dejarían tan pronto como la estructura de la sociedad y el nivel moral de los ciudadanos hubieran alcanzado un nivel adecuado.


Alba Cruceño
María Otermin
Marianela Pederzoli

3 comentarios:

Liliana dijo...

¿Cómo está planteada la relación entre Estado, voluntad general y soberanía en la teoría política de Rousseau?

Liliana dijo...

Para Rousseau, el Estado es fruto del “Contrato social”. Considera que el hombre procede mal, forzado por la sociedad que lo corrompe al privarle de la libertad, esto es consecuencia de la propiedad privada que conduce a la desigualdad, donde la dominación de unos sobre otros, hace que el hombre dominado no sea más dueño y responsable de sus actos.
Un aspecto interesante de esta teoría, es como Rousseau no propone volver al estado de “primitiva igualdad”, ya que cree que no es posible deshacer los acontecimientos que condujeron a la propiedad privada. Es necesario aplicar lealmente el “Contrato social”, donde cada individuo hace entrega de sus derechos a la comunidad y como lo hace a la comunidad en su totalidad y no a una persona o grupo, sus derechos quedan sometidos a la “voluntad general”, de la cual, por supuesto, el individuo forma parte. Aquí aparece otra idea que creo pertinente resaltar, como el hombre confiere y entrega sus derechos a la comunidad, garantizando así, no solo la moralidad obedeciendo la voluntad general, sino su libertad individual, debido a que también se esta obedeciendo a si mismo.
Rousseau destaca la importancia de que la soberanía recaiga sobre la comunidad y que esta expresa la voluntad general, a través de un sistema legislativo de democracia directa.
Una dificultad que se presenta en esta teoría –reconocida por Rousseau- es la de la necesidad de ciudadanos virtuosos y una alta moralidad, para ello será necesario que el Estado regule la actividad económica, evitando la excesiva desigualdad, además de regular la religión y la opinión publica, para que los ciudadanos aprendan a pensar en el bien común.

Lucas Pettinaroli

natalia romero dijo...
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