domingo, 25 de mayo de 2008

Ley

La Ley Política según Aristóteles:

Para Aristóteles la participación en el poder y en la obediencia tiene que ser perfectamente igual y alternativa para todos, ya que esto es lo que procura hacer la ley, bajo forma de constitución(ley fundamental de la organización de un Estado). Por eso es preciso preferir la soberanía de la ley a la de los ciudadanos; y por este principio dice que si el poder debe ponerse en manos de muchos, sólo se les debe hacer guardianes y servidores de la ley.

A pesar de lo dicho, allí donde la ley es impotente, un individuo no podrá nunca más que ella. Una ley, que ha sabido enseñar convenientemente a los magistrados, puede muy bien dejar a su buen sentido y a su justificación el arreglar y juzgar todos los casos en que ella guarda silencio. Esta les concede el derecho de corregir todos les defectos que tenga, cuando la experiencia ha hecho ver que admite una mejora posible. Por eso cuando se reclama la soberanía de la ley, se pide que la razón reine a la par de las leyes; pero pedir la soberanía para un rey es hacer soberanos al hombre y a la bestia; porque los atractivos del instinto y las pasiones del corazón corrompen a los hombres cuando están en el poder, hasta a los mejores; la ley, por el contrario dice Aristóteles, es la inteligencia sin las ciegas pasiones.

Cuando sólo se aspira a obtener la justicia, es preciso optar por un término medio, y este término medio es la ley; por otra parte hay leyes fundadas en las costumbres que son mucho más poderosas e importantes que las leyes escritas; y si es posible que se encuentren en la voluntad de un monarca más garantías que en la ley escrita, seguramente se encontraran menos que en estas leyes, cuya fuerza descansa por completo en las costumbres.

Hay en algunos estados magistrados encargados de fallar soberanamente, como lo hace el juez, en los casos que la ley no puede prever, prueba de que no se cree que la ley sea el soberano y el juez más perfecto, por más que se reconozca su omnipotencia en los puntos que ella decide; pero precisamente por lo mismo que la ley sólo puede abrazar ciertas cosas dejando afuera otras, se duda de su excelencia, y se pregunta, si en igualdad de circunstancias no es preferible sustituir su soberanía con la de un individuo, puesto que disponer legislativamente sobre asuntos que exigen deliberación especial es una cosa completamente imposible. No se niega, que en tales casos sea preciso someterse al juicio de los hombres; lo que se niega es que deba preferirse un solo individuo a muchos, porque cada uno de los magistrados, aunque sea aislado, puede, guiado por la ley que ha estudiado, juzgar muy equitativamente.
Hay leyes que son perfectamente fundadas, mientras que otras lo son quizás menos. El poder del señor, así como el reinado o cualquier otro poder político justo y útil, es conforme con la naturaleza, mientras que no lo es la tiranía, y todas las formas corrompidas de gobierno son igualmente contrarias a las leyes naturales. Esto prueba que entre individuos iguales y semejantes, el poder absoluto de un sólo hombre no es útil ni justo, siendo del todo indiferente que esté hombre sea, por otra parte, como la ley viva en medio de la carencia de leyes o en presencia de ellas, o que mande súbditos tan virtuosos o tan depravados como él, o en fin, que sea completamente superior a ellos por su mérito.

La ley en el Leviatán de Hobbes:

Hobbes establece su doctrina de derecho moderno como la base de las sociedades y de los gobiernos. Define al Estado como “una persona de cuyos actos, por mutuo acuerdo entre la multitud, logre la paz y la seguridad de todos”, dice que ha sido creado o instituido cuando “una multitud de hombre establece un convenio entre todos y cada uno de sus miembros, según el cual se le da a un hombre o a una asamblea de hombres, por mayoría, el derecho de personificar a todos, es decir, de representarlos”.
Y así surge el Leviatán (monstruo de la Biblia que posee un poder descomunal) que tiene una apariencia gigante cuyo cuerpo es también el de cada uno de los que han delegado las facultades para el cuidado de defenderlos. El estado tiene una figura absorbente, pero es relativamente benigno.
Hobbes considera la existencia de un Estado de Naturaleza que tiene leyes naturales y a partir de la cual surgen las leyes civiles.

Ley Natural:

Hobbes habla de un Estado de guerra de todos contra todos para lograr su propio bienestar y dice que el final de esto se debe a la intervención instrumental de la razón. Hace referencia a que las pasiones que inclinan a los hombres a la paz son el temor a la muerte, el deseo de las cosas que son necesarias para una vida confortable, y la esperanza de obtenerlas por medio del trabajo. La razón sugiere adecuadas normas de paz, a las cuales pueden llegar los hombres por mutuo consenso, esas normas son las Leyes de Naturaleza.
La Ley de Naturaleza es un precepto o norma general, establecida por la razón, en virtud de la cual se prohibe a un hombre hacer lo que puede destruir su vida o privarle de los medios de conservarla; o bien omitir aquello mediante lo cual piensa que pueda quedar su vida mejor preservada. Habla del Derecho de Naturaleza refiriéndose a la libertad que cada hombre tiene de usar su propio poder como quiera, para la conservación de su vida. Y diferencia el derecho de la Ley ya que algunos lo confunden, y dice que el derecho consiste en la libertad de hacer o de omitir, mientras que la ley determina y obliga a una de esas dos cosas. En el libro el autor nombra 19 leyes de naturaleza, aquí vamos a nombrar algunas:
La Ley Primera y fundamental de naturaleza es buscar la paz y seguirla.
La Segunda Ley es que uno acceda, si los demás consienten también, y mientras se considere necesario para la paz y defensa de si mismo, a renunciar a este derecho a todas las cosas y a satisfacerse con la misma libertad, frente a los demás hombres, y que les sea concedida a los demás con respecto a él mismo.
De esta ley de naturaleza, se deduce a la Tercera Ley que se trata de que los hombres cumplan con los pactos que han celebrado; sin esto los pactos son vanos, y no contienen sino palabras vacias. En esta ley consiste la fuente y origen de la justicia. Donde no ha existido un pacto dice Hobbes no se ha transferido ningún derecho, y todos los hombres tienen derecho a todas las cosas: por tanto ninguna acción puede ser injusta. Pero cuando se ha hecho un pacto, romperlo es injusto. La definición de injusticia no es otro sino: el incumplimiento de un pacto.
Hobbes habla de dos pactos que son los de Sujeción y Asociación, en los cuales interviene un monarca elegido por los individuos de la comunidad, para que reine una ley que regule las relaciones y administre la justicia entre estos. Los individuos deben acatar las leyes que este cree ya que no pueden oponerse debido a que ellos hicieron la elección de este monarca.
Estas son leyes de la naturaleza que imponen la paz como medio de conservación de las multitudes humanas, y que sólo conciernen a la doctrina de la sociedad civil.
Hobbes concluye diciendo que las leyes de la naturaleza pueden resumirse en una regla que todos aceptan y se denomina: la regla dorada. Se expresa diciendo: “No hagas a otro lo que no querrías que te hicieran a ti”, lo cual significa que al aprender las leyes de la naturaleza y cuando se confrontan las acciones de otros hombres con las de uno mismo, y parecen ser aquellas de mucho peso, lo que procede es colocar las acciones ajenas en el otro platillo de la balanza, y las propias en lugar de ellas, con objeto de nuestras pasiones y el egoísmo no puedan añadir nada a la ponderación; entonces, ninguna de estas leyes de naturaleza dejara de parecer muy razonable.

Ley Civil:

Hobbes expresa que la razón dicta la paz y la seguridad en la sociedad, y también prescribe los medios por los cuales aquellos fines pueden ser alcanzados: una comunidad instituida por convención o contrato. Es claro que para esté debería existir algún poder civil para determinar e interpretar lo que es correcto, erróneo, bueno y malo en la sociedad.
Esas normas de propiedad de lo bueno y lo malo, de lo legítimo e ilegítimo en las acciones de los individuos, son leyes civiles, es decir, leyes de cada Estado particular. Hobbes manifiesta que la medida de las buenas y de las malas acciones es la ley civil, y el juez es el legislador que siempre representa al Estado.
La conciencia de un hombre y su capacidad de juzgar son la misma cosa; y como el juicio, también la conciencia puede equivocarse. Por esto, si quien no está sujeto a ninguna ley civil peca en todo en cuanto hace contra su conciencia, porque no tiene otra regla que seguir, sino su propia razón, no ocurre lo mismo con quien vive en un Estado, puesto que la ley es la conciencia pública mediante la cual se ha propuesto ser guiado.
Hobbes dice que no entiende por buena ley una ley justa, ya que ninguna ley puede ser injusta. La ley se hace por el poder soberano, y todo cuanto se hace dicho poder está garantizado y es propio de cada uno de los habitantes del pueblo; y lo que cada uno quiere tener como tal, nadie puede decir que sea injusto. Una buena ley es aquello que resulta necesario y, por añadidura evidente para el bien del pueblo.
El uso de las leyes(que no son sino normas autorizadas) no se hace para obligar al pueblo, limitando sus acciones voluntarias, sino para dirigirle y llevarlo a ciertos movimientos que no les hagan chocar con los demás, por razón de sus propios deseos impetuosos, su precipitación o su indiscreción. Una ley puede concebirse como buena cuando es para el beneficio del soberano, aunque no sea necesaria para el pueblo, pero esto nunca puede ocurrir ya que el bien del soberano y el del pueblo nunca discrepan.

Florencia Chami
Jesica Germani
Pamela Romero
Primer Año de Sociales






1 comentario:

Liliana dijo...

Para la filosofía política moderna (de Hobbes a Kant) el Estado es una construcción social. ¿De qué modo es posible legitimar las leyes que rigen las relaciones entre los hombres según Rousseau?