lunes, 11 de agosto de 2008

Jean Jacques Rousseau

Biografía
Nació en Ginebra el 18 de junio de 1712. Pertenecía a una familia económicamente modesta, de religión protestante; su padre relojero, aficionado a la música y bailarín; su madre murió poco después de su nacimiento motivo por el cual fue educado por sus tíos.
Comenzó a trabajar como ayudante de grabador a los 13 años, huyó de este debido a sus violentos modales dejando Ginebra y vagabundeando por distintas ciudades hasta llegar a Annency, donde fue acogido por Mme Warens, quien era católica y logró que este se bautizara y convirtiera. Fue de gran de gran influencia para Rousseau.
Estudio música, filosofía, química, matemática y latín.
En 1742 viaja a Paris, se gana la vida como profesor, copista de música y secretario público.
En 1743 publica Disertación sobre la música moderna, al año siguiente conoce a Therèse con quien tuvo cinco hijos, todos confinados en un orfanato.
En 1750, ganó el premio de la Academia de Dijon por su Discurso sobres las ciencias y las artes, texto en el que anticipó muchas de las tesis freudianas. Se oponía abiertamente al pensamiento de los filósofos ilustrados, defendiendo que las artes y las ciencias son fuentes de perversión y esclavitud, que contribuyen a la degeneración y han corrompido al hombre. Su célebre frase fue “todo es perfecto al salir de las manos de creador y todo degenera en manos de los hombres”.
En 1754, publica una de sus grandes obras “Discurso sobre el origen y el fundamento de la desigualdad entre los hombres”, en la que lleva a cabo una dura crítica de las instituciones políticas y sociales como grandes corruptoras de la inocencia y bondad natural del hombre.
Rousseau analiza el tránsito del estado de naturaleza al estado social como una degeneración, producto de las desigualdades sociales que surgen con la propiedad privada, el derecho para protegerla y la autoridad para que se cumpla ese derecho.
En 1762 escribió la novela Julia o la nueva Eloísa.
En el mismo año, aparecen dos de sus obras más importantes, Emilio o la Educación y el Contrato Social, ambas serán prohibidas por el parlamento de París, ya que se oponían de forma contundente al liberalismo de Montesquieu, así como a toda la forma de aristocracia ideológica y política.
En Emilio, Rousseau hace un análisis de la educación donde analiza los procesos mediante los cuales el niño se socializa y pierde su bondad e inocencia natural, propone una educación que fomente los procesos naturales humanos sin alterarlos y que se base en los sentimientos del amor a sí mismo y al prójimo, subrayando la importancia de la expresión antes que la represión, para que un niño sea equilibrado y libre pensador.
El Contrato social y el Emilio le acarrearon graves acusaciones, que lo obligaron a refugiarse en Inglaterra, invitado por el filósofo David Hume.
Rousseau sufría de graves trastornos mentales, manías persecutorias, por lo que Horace Walpole le hiso una broma, le escribió una carta para asustarlo, donde le contaba los malvados planes que tenía el gobierno para asesinarlo, utilizando como intermediario a Hume, al que Rousseau mentalmente desequilibrado lo acusa injustamente de todo.
Vuelve a Francia y en 1770 se casa Therèse y trabaja como copista en París. En el mismo año, completó su obra más notable la autobiografía Confesiones, que contenía un profundo auto examen y revelaba los intensos conflictos morales y emocionales de su vida.
El 2 de Julio de 1778 fallece súbitamente en Ermenonville, Francia, de su muerte quedan sospechas de suicidio.
En 1802 se publica su obra La Botánica.
Las Obras de Rousseau van desde la Ilustración del siglo XVIII hasta el romanticismo a principios del siglo XIX. Han sido la gran fuente de inspiración de la Revolución Francesa, como también de los movimientos comunistas del siglo XIX. Contribuyó también al movimiento para la libertad individual y contra el absolutismo de la iglesia. Influyó incluso en el Romanticismo en Literatura.



Contexto histórico y político

Cuando Rousseau llega a París en 1742 el movimiento ilustrado se encuentra en plena ebullición. Aunque viene absorto en sus preocupaciones musicales, pronto conoce y entabla amistad con el abate Condillac, quien le presentará más tarde a Diderot y los demás Ilustrados. Su encuentro con Diderot resultó crucial, porque fue una relación de amistad muy estimulante, en la que éste jugó además el papel del asesor de lecturas, ya que la formación enteramente autodidacta de Rousseau presentaba muchas lagunas (aunque este tutelaje terminaría por resultar fastidioso para el ginebrino). En este momento, el panorama intelectual estaba dominado por dos grandes figuras: Voltaire y Montesquieu. También estaban Diderot y D`Alembert, que pronto iniciarían su obra magna de divulgación, L'Enciclopédie.

Durante el régimen de Luis XV durante su largísimo reinado se sucedieron diferentes tendencias gubernamentales. El período 1745-1764 fue de signo reformista, y permitió el progresivo triunfo ideológico y cultural de los Ilustrados y de la Enciclopedia, aunque no sin reveses ocasionales, que incluyeron la prisión temporal de Diderot (1750) y la orden de encarcelar a Rousseau a partir de la condena y quema pública del Emilio (1762), aunque pudo exiliarse a tiempo. Malesherbes, el ministro de prensa, mantuvo una notable complicidad con los Ilustrados, en especial con Diderot y Rousseau, a quienes llegó a ayudar a publicar (caso de Emilio), aunque desde un discreto anonimato. Con Luis XVI llegará a ser Ministro de estado e impulsor de una serie de reformas conducentes a moderar el absolutismo monárquico aproximándolo al modelo británico. Pero la Revolución Francesa truncó el plan apenas iniciado.

Quedaba ya lejos, por otra parte, el panorama tan sombrío de las guerras de religión, y no sólo en Francia. Tras la anulación por Luis XIV (1685) del edicto de Nantes(1598), que había decretado la libertad de cultos, había regresado el espíritu de intolerancia religiosa. Gravitaba también pesadamente desde 1614 la negativa a convocar los Estados Generales (nobleza, alto clero y pueblo). Todo lo cual propició un despotismo cada vez más generalizado y arbitrario.

Una herencia bien diferente, en cambio, recibió Luis XV de su bisabuelo: la proliferación de Academias, a las que durante su mandato se añadieron muchas más. La economía, por el contrario, fue la peor al hacerse más especulativa: mientras que la nobleza y la burguesía prosperaban, los campesinos y obreros se empobrecían cada vez más, dado que la economía se subordinaba a la política, es decir, a los ingentes gastos militares. No obstante, es innegable que la política de Mme. Pompadour favoreció y promovió el cultivo de las ciencias y de las artes, así como la institución tan parisina de los “Salones” literarios, regenteados por ilustrados ricos, que sirvieron al mismo tiempo como foros de discusión. Esta búsqueda primordial del brillo social inspirará la dura denuncia de Rousseau, a quien disgustaba profundamente aquel ambiente de culta superficialidad, y quien terminará por retirarse a la campiña, aunque no lejos de París.

En el aspecto filosófico, el iusnaturalismo se había convertido en la corriente dominante en Europa y alcanzó como tal a muchos Ilustrados como Diderot y Rousseau, aunque ambos crearon versiones superadoras. La filosofía se había desespecializado y había pasado a ser una matriz en la que se reflexionaba sobre ciencias (física y biología en especial), economía, derecho, arte, lógica, moral y política. Sus profesionales habían abandonado las aulas y escribían para el público culto. La teoría política dominante entre ellos será el despotismo ilustrado (Voltaire), excepto Montesquieu y Rousseau, quienes apuestan por el constitucionalismo. Estamos en el “Siglo Filosófico”.

Por lo demás, el movimiento ilustrado distó mucho de ser una filosofía unitaria, pese al intento de los estudiosos por limar las diferencias. El empirismo y las directrices de Voltaire marcaban las grandes líneas de la filosofía ilustrada. Rousseau no fue el único crítico del movimiento ilustrado, también lo fue Diderot.

Por otra parte, los filósofos ilustrados inventaron una nueva forma de filosofar al adoptar un estilo ensayístico y dirigido a ganar la batalla por la opinión pública. En ocasiones, fue un estilo panfletario, aunque de altura, que demolía las grandes obras del trascendentalismo abstracto. Sólo en torno a 1750, con los dos DISCURSOS de Rousseau aparece una docena de libros que tratan de reconstruir la historia del progreso o del desarrollo de la razón. Los artículos de la Enciclopedia solían adoptar el mismo estilo, acentuando lo cultural- social frente a las “vanidades” de las grandes figuras.

Se trataba a la vez, de un programa de investigación y de un plan de divulgación dirigido al público culto (y no sólo a los especialistas) con vistas a conquistar la opinión pública. Sólo así se comprende la enorme repercusión que alcanzaban las polémicas. Y si el ser era importante, más lo era el parecer ser.

Los Ilustrados habían creado, en efecto, una sociedad de la comunicación que vivía pendiente de la notoriedad y del prestigio. Rousseau describirá inmisericorde, pero certero, el universo ilustrado como un mundo ávido de novedades y protagonismos, aunque tampoco él podía quedar de lado:” el salvaje vive en sí mismo; el hombre sociable, siempre fuera de sí, no sabe vivir más que en la opinión de los demás y, por así decir, es del sólo juicio ajeno de donde saca el sentimiento de su propia existencia”. Incluso llegará a afirmar con evidente exageración que “ cuando ya no subsistan las obras de mis adversarios doctrinales, las mías serán perfectamente inútiles”. Lo sorprendente es que la mayoría de sus críticas a la Ilustración permanecen vigentes en nuestra civilización neoliberal, heredera de aquel enfoque ilustrado.

El concepto de progreso, fue sin duda el más estudiado y replanteado. Pero Rousseau no fue el único en discutirlo. La Ilustración es también la época que ensalza los avances de los oficios mecánicos y las ciencias aplicadas. La conjetura se convirtió en una metodología para conocer, al menos aproximativamente, lo que ni la ciencia ni la filosofía podían suministrarles. Las obras de Buffon y de Maupertuis habían señalado el camino y Rousseau será uno de sus más atrevidos seguidores en sus DISCURSOS sobre el origen de la desigualdad y el de las lenguas. Porque, en efecto, de nuevo se imponía el lema de la “vuelta a los orígenes” para conocer la verdad.

En su Discurso de las ciencias y las artes de 1750 Rousseau fue incapaz de exponer sus tesis de un modo coherente y razonado, teniendo que compensar esta falta de argumentación metódica con un plus de pasión y de retórica. El mismo Rousseau reconoce en las Confesiones que el libro “carece completamente de lógica y orden” y que está “muy débilmente argumentado”.

Rousseau se limitó a realzar una fuerte crítica de las corrupciones sociales que la cultura ilustrada había propiciado, centrándose en vituperar la pasión por el lujo y las apariencias, así como la hipocresía social generalizada. La tesis de que el hombre es naturalmente bueno y que son las instituciones sociales la que le corrompen, que Rousseau considera su legado básico, ni siquiera está formulada.

Pese a todo, este primer discurso le proporcionó el premio y la celebridad inmediata. En ella, Rousseau hubo de emplearse a fondo, lo que le obligó a documentarse mejor y a razonar de modo más ponderado. Fue un aprendizaje suplementario y un notable crecimiento en madurez, se aprecia un nuevo vigor y lógica en la argumentación. Él insiste ahora en que los ilustrados confunden”civilizar” con “moralizar”; justamente, la civilización comercial había inducido la corrupción de las costumbres.

Pero puede registrarse dos avances mayores, que serán plenamente desarrollados en el Discurso sobre la desigualdad: a) un nuevo enfoque sociológico que le conduce a señalar que las grandes desigualdades en la riqueza, derivadas de la propiedad y del comercio, han conducido a la desigualdad social y a la corrupción de las costumbres; b) un nuevo enfoque político: las políticas gubernativas tienen un gran peso en el proceso de corrupción, ya que “todos estos vicios corresponden no tanto al hombre como al hombre mal gobernado”.
El Discurso sobre la desigualdad es la gran oportunidad de presentar una síntesis madura de su pensamiento social, aunque no de su pensamiento político, que desarrollará más tarde a partir del Contrato social. Las tesis un tanto simples del Discurso sobre las ciencias y las letras son retomadas ahora y replanteadas con el mismo vigor, pero sobre una base argumental poderosa y matrizada. Su admirable talento literario hace el resto. Pese a todo, Rousseau siempre se lamentará de que sus contemporáneos no entendiesen el libro. Sin duda siempre ignoró que Kant y los prerrománticos alemanes lo estudiaron a fondo y lo entendieron correctamente.

Rousseau comienza enfrentándose a la teoría del ”doux commerce” en cuanto responsable de todos los malentendidos. Mandeville era el centro de su ataque por haber caracterizado al hombre como un ser egocéntrico por naturaleza y, como tal, incapaz de moralidad. Rousseau asume, a su decir, “la causa de la humanidad”. Nada existe tan “gentil” como el “hombre salvaje”; es el civilizado el que se muestra violento. El hombre natural tiene como pasión fundamental “el amor de sí” en cuanto ha de cuidar, ante todo, de sí y de sus allegados, en medio del ”comercio espontáneo e independiente”. El “amor propio”, en cambio, es ya una pasión derivada del efecto civilizador y del comercio sofisticado, que resulta mucho más ambiguo, ya que frecuentemente antepone el yo egoísta a toda otra consideración. En efecto, del “amor propio” derivan la codicia, las pasiones violentas, la miseria y la esclavitud. Aquí Rousseau hace referencia al período de sociedad naciente como un período tan horrible que hizo necesaria la institución del Estado mediante un pacto social que describe como el “anti- contrato social”, mediante el cual los ricos y poderosos consiguieron hacer legal sus desiguales ventajas en riquezas y poder, hasta institucionalizar la opresión del pobre por el rico. La exposición del contrato social normativo fue presentada como la solución política del problema social.

El otro concepto clave que maneja Rousseau es el de la “perfectibilidad” del hombre. El ginebrino insiste en que el estado natural del hombre le reportaban una autarquía y unas felicidades simples, reales pero insuficientes, ya que le proporcionaban una existencia limitada; por otra parte, al carecer de lazos sociales, su razón no podía desarrollarse. Fue, por tanto, su perfectibilité la que le condujo a establecer las relaciones sociales en etapas sucesivas en las que su impulso perfeccionista hubo de sufrir las graves desviaciones de la desigualdad social, sancionadas legalmente con posterioridad por el anti-contrato histórico. Cuando pocos años después culmine Du contrat social (1762), la perfectibilidad seguirá siendo el gran resorte que impulse a los hombres a formular el contrato social normativo.

Rousseau compartía con los filósofos ilustrados la metodología de la “historia filosófica”. Pero su utilización de la misma en los Discursos... fue mucho más intensa y atrevida. Lévi- Strauss no dudó en proponer a Rousseau como el verdadero fundador de la antropología social. Y es que, pese a todo, Rousseau se enfrentó a la opinión científica y filosófica predominante de su tiempo en varias tesis importantes.

La sociabilidad del hombre. Desde que Aristóteles designara al hombre como “animal social” por naturaleza, nadie había osado contradecir. Rousseau, en cambio, pone radicalmente en cuestión la tesis de que la desigualdad social del presente haya existido siempre. Por ello plantea una investigación con la metodología de la “historia filosófica” a fin de averiguar “los orígenes y el fundamento de la desigualad entre los hombres”. Y el resultado será que la sociabilidad natural de la especie se limita a la familia y, posteriormente, a los clanes familiares. Las disputas entre clanes y, sobre todo, la perfectibilidad natural del hombre le llevó establecer nuevas alianzas parciales hasta que insensiblemente el reconocimiento de la propiedad privada, el uso de los metales y el comercio ventajoso le condujo a una extrema desigualdad en riquezas y poder, que un” anti- contrato social” engañoso e injusto convirtió en “ley natural”.

Un recorrido paralelo experimentó la pasión humana fundamental, el “amor-de-sí”, que impulsó los avances de la razón y del lenguaje, pero que ha terminado convirtiéndose en el "amor- propio”. De ahí la búsqueda del éxito social, del lujo, de la competencia desleal, pues el “amor- propio” conduce a una existencia meramente social, de modo que el individuo vive de-por la opinión de sus semejantes.

Los ilustrados mantenían también la tesis de que la propiedad privada era originaria y por naturaleza. Rousseau concluye que, lejos de ser originaria, era ya derivada de otras circunstancias sociales: fue la desigualdad en el poder la que llevó a la desigualdad de riquezas y a que éstas se orientaran a propiciar más poder. Sólo es admisible una propiedad en condiciones equitativas: sólo entonces se da un derecho natural a la propiedad.

La desigualdad social tiene, pues, unos orígenes y unos fundamentos concretos, y no está autorizada por la ley natural. Es el producto de un proceso histórico dirigido por la creciente conversión del amor-de-sí en amor- propio. Cuando el desarrollo de la razón y de la lengua, las relaciones sociales, la propiedad y el comercio espontáneo se van desviando de sus metas naturales, el resultado es la desigualdad social y la opresión del pobre por el rico, que un pacto injusto ha convertido en legal.

Por último, el derecho natural es otra de las grandes discrepancias de Rousseau frente a los demás Ilustrados. Su argumentación central es la siguiente: las pretendidas leyes de la naturaleza se revelan como leyes sociales introducidas durante el proceso histórico de civilización. La “historia filosófica” es la única que permite “juzgar los hechos por el derecho”.

Con ocasión de la polémica sobre el primer Discurso, Rousseau había recibido el apoyo de varios compatriotas residentes en París. De este contacto surgió la idea de reconciliarse con su patria, retornar a la fe protestante y recuperar su derecho de ciudadanía.

Kant denominó a Rousseau el “Newton de la moral”, reconoce que le había “abierto los ojos” respecto de la cultura, la moral y la sociedad, a la vez que le había revelado “el sentimiento de la belleza humana”. Y concluye: “todo el designio de Rousseau es éste: que el hombre obtenga el arte de reunir todas las ventajas de la cultura con todas las ventajas del estado de naturaleza. En definitiva, el estado civil y el derecho de gentes. El primero consiste en la libertad e igualdad bajo la ley".

El mismo entusiasmo por Rousseau aparece en casi todos los pensadores alemanes de la época, como desencadenante del Prerromanticismo. El influjo de Rousseau esta plenamente documentado en Marx, cuyo pensamiento conoció en su estancia en París.

El discurso sobre la desigualdad ha alimentado también fuertemente los movimientos independentistas de Hispanoamérica, cuyos líderes invocaron a Rousseau como defensor del indigenismo y de las civilizaciones autóctonas. En pleno siglo XX Fidel Castro cita a Rousseau como su inspirador, en paralelo con Marx. El pensamiento de Rousseau continúa influyente en casi todas las ramas de las ciencias sociales.

Rousseau y las ideas revolucionarias del siglo XVIII.

En 1995, se publicó la traducción de una monografía de Roger Chartier con el título: Espacio publico, crítica y desacralización en el siglo XVIII. Los orígenes culturales de la Revolución Francesa, en la que este autor propone una verdadera "revolución copernicana", refiriéndose al estudio de las causas y antecedentes de la revolución de 1789.

Chartier se pregunta si la Revolución fue hecha por la Ilustración o si el razonamiento correcto es el inverso. Una de sus Hipótesis sostiene que la Revolución fue la responsable de la construcción del concepto de Ilustración. Otros consideran que esta construcción fue llevada a cabo por muchos políticos y dirigentes del período revolucionario.

El Iluminismo no fue un conjunto de pensamientos homogéneos, ya que convivieron filósofos de diversas ideologías.

Una vez iniciado el proceso revolucionario, los Burgueses seleccionaron aquellas figuras cuyas ideas podían servir mejor para otorgar prestigio y legitimidad a este proceso. Los admitidos para ser sepultados en el Panteón fueron Voltaire y Rousseau.

Los dirigentes revolucionarios hacían coincidir los dichos y hechos de Voltaire según las necesidades y la lógica de sus propios programas políticos, construyendo genealogías revolucionarias ficticias, por ejemplo las inscripciones grabadas en el sarcófago con motivo del traslado de sus restos al Panteón: “Combatió a los ateos y a los fanáticos. Inspiró la tolerancia. Reclamó los derechos humanos contra la servidumbre del feudalismo.” Otra inscripción sostenía:”Poeta, historiador y filósofo. Engrandeció al ser humano y le enseñó que debe ser libre.”

En cuanto a Rousseau, Maximiliano Robespierre sostuvo: “Entre quienes, en la época de que hablo, se destacaron en la carrera de las letras y de la filosofía, un hombre (Rousseau), por la nobleza de su alma (…) se mostró digno del ministerio de preceptor del genero humano (…).
¡Ah!, si hubiera sido testigo de esta Revolución de la que fue precursor y que lo llevo al Panteón (el 12 de octubre de 1793), quién puede dudar de que su alma generosa hubiera abrazado con arrebato la causa de la justicia y la igualdad.”

Chartier utiliza para su libro el titulo de “Orígenes Culturales de Revolución”, negándose a recurrir al más tradicional concepto de “Orígenes intelectuales de la Revolución”, que supone que las ideas influyen directamente en las acciones humanas, supone que los libros hacen las revoluciones. Chartier sostiene que son las más profundas transformaciones culturales las que permiten la producción, circulación y aceptación de ciertas ideas de una época determinada.

Las ideas de Rousseau, Voltaire o Montesquieu no hubieran tenido el auge y la difusión que lograron si, hacia mediados del siglo XVIII no se hubieran instalado profundas transformaciones en la cultura francesa.

Entre estos cambios culturales que estaban ya instalados firmemente en 1750, Chartier menciona el incremento de la lectura individual, y el mayor acceso a los libros, la pérdida de la hegemonía de la Iglesia Católica, la crisis de la monarquía absoluta, el nacimiento de una cultura política, en torno a la prensa escrita, la reunión en clubes y salones y la opinión pública.

Estos cambios culturales posibilitaron una revolución en las mentalidades, hicieron pensable la revolución, crearon las condiciones para la destrucción violenta del Antiguo Régimen. Y estas condiciones fueron las que provocaron la aparición, difusión y éxito de las ideas de los pensadores de la Ilustración.
Chartier se pregunta “Los libros ¿hacen revoluciones?”, la respuesta es negativa: los libros y sus ideas sólo comienzan a actuar cuando la revolución se ha puesto ya en marcha de una u otra manera. Las transformaciones culturales ya instaladas permitieron que los intelectuales pudieran aceptar sus libros y compartir sus propuestas. Para Chartier el proceso revolucionario tuvo condicionantes culturales que lo hicieron posible, y no orígenes intelectuales que lo prefiguraron antes que se produjera.


Bibliografía:

- Rubio Carracedo, José. "El Discurso sobre la desigualdad de Rousseau como historia filosófica", Thémata, Revista de Filosofía, Nro. 40, 2008.
- Aportes Recientes de la Investigación Histórica. ¿La Ilustración hizo la Revolución Francesa o la Revolución Francesa hizo la Ilustración? Roger Chartier y los orígenes culturales de 1789. Disponible en: http://www.nuevaalejandria.com/archivos-curriculares/sociales/nota-005.htm

Recursos biográficos:

http://www.cibernous.com/autores/rousseau/teoria/biografia.html
http://www.epdlp.com/escritor.php?id=2237 http://www.gobiernodecanarias.org/educacion/9/Usr/elvigia/primavera2005/rousseau-fil.htm

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