lunes, 20 de octubre de 2008

COMUNICACIÓN Y TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN

Hablar de comunicación en esta época probablemente resulte una tarea compleja, dado que el término ha adquirido una diversidad de significaciones. comunicar es lo que hacemos día a día cuando nos relacionamos con los demás, no sólo a través del lenguaje, sino por medio de gestos, imágenes, movimientos, silencios.

La imprecisión del campo específico de conocimiento sobre la comunicación dificulta establecer objetos de estudio acotados o teorías únicas, pero tampoco es objeto de la escritura de este ámbito el desarrollo particular del campo de investigaciones sobre la comunicación. Solo se mencionará que la investigación en comunicación comienza a consolidarse justamente cuando estallan las formas tradicionales de entender la ciencia, cuando se visualiza que la sociología, la antropología, la semiótica, entre otras disciplinas, ya no podían explicar los procesos sociales por sí solas, sin compartir miradas, herramientas, enfoques. El campo comunicacional fue construyéndose, entonces, desde el intento de desembarazarse de reduccionismos y de interpretaciones fraccionadas sobre la realidad social, integrando teorías que

le permitieran una mayor comprensión de la complejidad e interdependencia de los procesos sociales.

Toda práctica socio-cultural tiene una dimensión comunicacional, en tanto construye significados que pueden interpretarse desde la mirada de la comunicación, pero no es solamente comunicacional.

Cuando los docentes se vinculan con las y los adolescentes y jóvenes en el marco del espacio escolar resulta imprescindible tener en cuenta las prácticas comunicativas que forman parte de su vida cotidiana. Es necesario abordar –conocer y reconocer- el mundo de los medios y las tecnologías, el rock y la cumbia, los partidos de fútbol, los videoclips y los programas de televisión, las murgas y los espacios de encuentro en el barrio, entre muchas otras prácticas y consumos culturales habituales en la vida de las/os jóvenes y a partir de los cuales se van constituyendo como ciudadanas/os.

Llevar adelante proyectos desde la comunicación en el marco de la materia Construcción de Ciudadanía posibilita que los y las jóvenes construyan una mirada reflexiva respecto del mundo en que viven –caracterizado como “sociedad de la información”– y de las prácticas comunicacionales que ponen en juego día a día, ejerciendo en el espacio escolar sus derechos a la información, la comunicación, la participación y la construcción de significados compartidos. También permite que las/los educadores comprendan y valoren aquellas prácticas, se acerquen a las prácticas culturales de sus alumnos y reconozcan los puntos de encuentro, los intereses y los saberes que los reúnen. Para ello es preciso aclarar algunos elementos que definen y constituyen la comunicación, entendiendo que la misma, no sólo da cuenta de un objeto de estudio difuso, sino que además implica una determinada perspectiva de abordaje de los procesos sociales y constituye una herramienta para la producción de estrategias de trabajo.

COMUNICACIÓN, DISCURSOS Y CULTURAS

La comunicación puede comprenderse más bien como un proceso de producción de significados o representaciones simbólicas, íntimamente ligado a la cultura.

Desde esta perspectiva, la comunicación no puede entenderse desde el esquema que propone la transmisión de un mensaje por parte de un emisor que lo produce hacia un receptor que lo recibe, causando un determinado efecto y suponiendo que ambos comparten los mismos códigos. Un discurso, producido por un determinado actor social, en una situación concreta, no produce necesariamente un solo efecto en quienes lo decodifican. Puede dar lugar a múltiples interpretaciones y configuraciones

de significado. De esta forma, la noción misma de emisor y receptor del modelo explicativo más tradicional, así como la idea de efecto, pierden sentido.

Tanto en la producción como en la recepción de los discursos inciden múltiples factores (económicos, sociales, culturales, psicológicos, políticos, etc.) que van delimitando ciertas posibilidades de sentido y clausurando otras. Esta indeterminación relativa del discurso no significa que los actores sociales tengan total libertad para interpretar de cualquier manera las formas simbólicas.

Se sostiene que las relaciones de comunicación, como cualquier proceso sociocultural, implican relaciones de poder, donde no todos los actores se encuentran en igualdad de condiciones. Los procesos comunicacionales están mediados por las asimetrías y desigualdades propias del tejido social. Desde esta concepción es visible que la comunicación aparece como parte constitutiva e inseparable del proceso social y también como un espacio en el que se constituyen las prácticas sociales en la cultura.

Puede definirse al proceso comunicacional como una red de intercambios y negociación de significados, de saberes y puntos de vista, de interacciones y aprendizajes mutuos, que se produce en el terreno de lo cultural.

Los actores sociales se hallan inmersos en procesos de comunicación que se desarrollan en un contexto social, cultural, político y económico, constituido por discursos en los que la cultura cobra materialidad.

Por esa razón, los significados son de carácter histórico y producto de luchas por la imposición de un sentido o de otro, es decir, constituyen disputas en el campo de lo simbólico. Esta mirada permite desarrollar prácticas de enseñanza en las que se reconozca la capacidad de los actores sociales de enfrentar o reproducir discursos que circulan socialmente o, por ejemplo, de generar otros. En definitiva, esta perspectiva analítica conlleva el reconocimiento de la facultad de poder decir y de poder hacer.

Según el enfoque propuesto, articulando los procesos de comunicación con la cultura, los medios de comunicación constituyen un importante foco de interés, pero no necesariamente en relación a los efectos que producen, sino como factores que, junto a otros, median los procesos sociales.

Desde Construcción de Ciudadanía se propone instalar otra mirada, que comprenda que las tecnologías en las sociedades contemporáneas construyen y transforman una serie de prácticas, saberes y representaciones sociales, que se dan en todos los espacios de la vida cotidiana y no sólo en las situaciones específicas

de recepción de discursos mediáticos. Las tecnologías de la información construyen nuevos modos de relacionarnos

COMUNICACIÓN Y CIUDADANÍA

Cuando desde esta materia se piensa en procesos de Construcción de Ciudadanía no se está considerando sólo la posesión de derechos civiles y políticos, ni tampoco se está comprendiendo los derechos como artículos escritos en una ley. Por el contrario, la ciudadanía comprende la totalidad de prácticas que constituyen a las personas como integrantes de una determinada sociedad, donde la diversidad, la diferencia y la desigualdad tienen existencia concreta.

Pero, ¿cómo se vincula la comunicación con la ciudadanía? En principio, la comunicación puede favorecer algunos procesos de construcción de ciudadanía, en tanto constituye una herramienta que permite que las personas se informen e informen a otros acerca de sus derechos, desnaturalicen los discursos de los medios de comunicación, intercambien opiniones y aprendan unos de otros, promuevan la participación social, se organicen para intervenir en asuntos que los afectan, reclamen

sus derechos cuando no son cumplidos, reflexionen sobre los problemas de su comunidad y propongan estrategias comunicacionales para abordarlos, entre muchas otras cuestiones.

En otras palabras, la comunicación es un aspecto constitutivo de la ciudadanía, dado que las interacciones entre personas hacen posible que los problemas, las necesidades, los deseos y los proyectos se tornen colectivos. A su vez, las prácticas de comunicación le dan existencia pública a los sujetos, los hacen visibles ante los demás e, incluso, ante sí mismos.10 Podría decirse entonces que la comunicación aporta a la promoción de los derechos y a la construcción de ciudadanía de tres maneras:11

1. Difundiendo y compartiendo información sobre sus derechos y sobre temas que los afectan

a través de diferentes medios.

Cuando se habla de información, habitualmente se identifica esta noción solamente con los discursos que difunden los medios masivos. Sin embargo, es importante

involucrar aquí las producciones de los medios barriales, comunitarios, así como otras producciones informativas que no son de índole mediática.

2. Propiciando el desarrollo de capacidades en las personas. La comunicación es un proceso de interacción entre personas que implica aprendizajes mutuos. Fortaleciéndola, promoviendo espacios comunicacionales y educativos es posible facilitar el desarrollo de las capacidades necesarias para llevar adelante proyectos y acciones, como por ejemplo, el trabajo en grupo, la toma de decisiones, el respeto por todas las opiniones, la expresión de los propios pensamientos, la facultad de escuchar

y dialogar, la posibilidad de establecer alianzas, etc.

3. Promoviendo espacios de participación. La participación constituye un derecho propio de todo ser humano, involucra cualquier acción concreta que las personas desarrollen con el objetivo de transformar su propia realidad y la de los demás, ya sea tomar decisiones sobre su proyecto de vida, pertenecer a un grupo que realiza y comparte expresiones culturales, influir en la vida de una comunidad, defender determinados valores, etcétera. Las y los adolescentes y jóvenes tienen derecho a participar en la familia, en la escuela, en la comunidad y por supuesto, en los medios de comunicación (masivos y no masivos). Una participación que implique incidencia, donde se ejerza la capacidad de poder decidir qué decir y decir: producir sentidos, significados y discursos, crear circuitos, difundir, instalar temas (lo que se conoce como generar agenda), intercambiar, etcétera.

La comunicación puede aportar a la movilización social

¿Cómo se vincula la comunicación con la ciudadanía?

Podría decirse que la comunicación es un espacio privilegiado del ejercicio pleno de los derechos, en tanto vehiculiza la construcción de espacios de diálogo participativo, de aprendizaje y desarrollo de capacidades y garantiza la problematización de discursos mediáticos, el acceso y la producción de información propia referida a asuntos de interés público.

PRODUCCIÓN DE ESTRATEGIAS DE COMUNICACIÓN

Hasta aquí se han abordado los múltiples aspectos que involucra la comunicación como herramienta para la construcción de ciudadanía. No obstante, existen numerosas acciones y estrategias que pueden utilizarse, que no pueden ser espontáneas. Una estrategia comunicacional es un modo de acción

Sistemáticamente planificado, que hace uso de herramientas de comunicación. Es decir, una guía o una serie de guías para abordar situaciones específicas, que se diseña con anterioridad a su implementación y se construye desde una mirada que analiza críticamente el proceso de comunicación.

Un producto comunicacional es cualquier producción mediática. Por espacio comunicacional se entiende la implementación de un lugar y momento específico en el que se desarrollan acciones tendientes al intercambio de ideas, impresiones, sentimientos, emociones. Un taller, la puesta en práctica de una obra de teatro, un recital o una reunión, pueden concebirse como espacios de comunicación.

Elaborar estrategias de comunicación es similar a planificar otro tipo de proyectos. No obstante, es necesario tener en cuenta algunos elementos para lograr que los productos y espacios comunicacionales sean apropiados y útiles

1. Objetivos. El primer paso siempre radica en fijar los propósitos. Para ello es preciso responder a la pregunta: ¿Cuál es la finalidad de la comunicación? Este interrogante dirige la atención sobre los resultados que se intentan lograr: los objetivos pueden ser informar, sensibilizar, movilizar, crear un espacio de intercambio, difundir, etcétera. Establecer los propósitos implica también clarificar qué información concreta se quiere compartir o reconstruir, realizando un esfuerzo de síntesis e identificando qué datos son importantes y cuáles son accesorios.

2. Definición y caracterización de los interlocutores. En segundo lugar, es necesario distinguir quiénes serán los interlocutores en el proceso de comunicación, es decir, con qué personas o grupos se traba relación y se procura interaccionar o destinar la acción comunicacional.18 Si bien en todo proyecto se selecciona uno o varios grupos hacia quienes se orienta el trabajo, cuando se planifica una estrategia comunicacional es preciso conocer y tener en cuenta las características de estos destinatarios.

La pregunta a realizar en este caso es: ¿Cuáles son las características de las/los interlocutores que debemos contemplar? Problematizar los saberes que construyen los actores sociales, sus prácticas y discursos, los lenguajes que ponen en juego, los sentidos que producen, es central a la hora de planificar y concretar una estrategia de comunicación, cualquiera sea su soporte. Algunos de los aspectos que es necesario considerar son: los rasgos personales y culturales (formas de ser, hábitos, gustos, costumbres, intereses, consumos culturales, etc.); formas de relacionarse entre sí y con otros grupos; características del entorno barrial y su vida cotidiana, entre otros.

Es importante contemplar estos datos al momento de pensar cómo expresar la información, qué palabras o imágenes se van a utilizar, qué medio se va a elegir, entre otros aspectos.

3. Selección de productos y espacios de comunicación. Una vez que se profundizó en el conocimiento de las/los destinatarios y se seleccionaron claramente los objetivos, es posible escoger el producto o espacio más adecuado. Existen varias posibilidades, entre las que pueden mencionarse:

3. a. Productos comunicacionales que utilizan medios: constituyen herramientas útiles para difundir información o poner un tema a discusión en la esfera pública, pero su valor disminuye si el objetivo es lograr cambios en las formas de pensar o actuar de los actores sociales, dado que no favorecen el intercambio de ideas y opiniones.19 Pueden clasificarse de acuerdo a los distintos lenguajes mediáticos:

- Lenguaje gráfico: aquí se ubican los múltiples productos que se vinculan a la comunicación escrita. Algunos ejemplos son: diarios, periódicos, revistas, fanzines; periódicos murales; afiches, carteleras; volantes, folletos; historietas; pasacalles, graffitis.

- Lenguaje radiofónico: aquellos productos cuyo soporte es sonoro, por ejemplo: programas de radio, ya sean informativos o con formatos dramáticos como el radioteatro; spots de publicidad; micros y/o cuñas radiales; radio abierta (emisión en vivo y en directo de uno o

varios programas a través de amplificadores o altoparlantes).20

- Lenguaje audiovisual: los productos comunicacionales que utilizan como soporte imágenes en movimiento. Pueden ser, entre otros: videos con distintos formatos (películas, documentales), spots publicitarios para TV, conferencias de prensa en televisión.

- Lenguaje multimedial: aquellos que hacen uso del soporte informático, como por ejemplo:

CD-rom; e-mails, foros de discusión, e-groups, weblogs, fotologs; páginas web; presentaciones de power point.

3. b. Productos o espacios de comunicación interpersonal: estas estrategias permiten que las personas que participan tengan la oportunidad de indagar, recibir y ofrecer información, compartir sus ideas, experiencias y opiniones de persona a persona en el caso de la comunicación virtual o telefónica. Es decir, que al incluir las vivencias de los participantes, se genera un espacio más propicio para el intercambio y la construcción colectiva de conocimiento. En este grupo se encuentran, entre otras, las siguientes estrategias: charlas debate, talleres y cursos, consejerías, encuentros y dinámicas grupales, consultas telefónicas, mensajes de texto en celulares, concursos,

stands, marchas o movilizaciones, juegos, dinámicas lúdicas.

3. c. Productos o espacios artísticos: se ponen en juego expresiones artísticas que forman parte de la vida cotidiana de las personas. En este grupo podemos mencionar entre otros: obras de teatro, títeres, poesías, danzas, murgas, juegos, festivales, recitales.

Como ya se ha mencionado, cada una de estas estrategias resulta útil para alcanzar algunos objetivos y no otros. Es importante, entonces, seleccionar las más adecuadas y combinarlas entre sí.

4. Producción y ejecución de estrategias comunicacionales. Una vez que se han tomado las decisiones respecto de las características de la estrategia, el siguiente paso es llevarla a cabo. Para ello se requiere considerar algunos elementos, como los recursos materiales y humanos con los que se cuenta para realizar el trabajo, qué actividades desarrollar para obtener aquellos que falten, cuándo se llevan a cabo las acciones, quiénes serán los responsables de las diferentes tareas, quiénes coordinarán la producción grupal, entre otros. Es recomendable elaborar un cronograma de actividades donde se expliciten con claridad los momentos en que se ejecutarán y sus responsables.

5. Evaluación de las estrategias. Evaluar las acciones que se llevaron a cabo resulta muy importante, no sólo para conocer qué resultados finales se obtuvieron, sino también para replantear las decisiones tomadas, para modificar el rumbo de lo que se planificó, para analizar los acontecimientos que fueron sucediendo. En este sentido, la evaluación constituye un proceso de aprendizaje tanto para las/los docentes como para las/los estudiantes. Si bien en el apartado “Evaluación” del cuerpo central de este Diseño Curricular se hace referencia a diferentes modos, criterios y momentos para evaluar el proceso de trabajo desarrollado en la materia, se considera que estos aspectos también resultan pertinentes para la evaluación específica del proyecto comunicacional elaborado, ya sea antes, durante y después de su ejecución.


Romina Gardinali

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