viernes, 24 de octubre de 2008

Estado y Política

INTRODUCCIÓN
Los seres humanos necesitan una institución política para ser iguales: las leyes, señala Hannah Arendt, en sus reflexiones en torno a la esfera pública y la pluralidad.
Las leyes no convierten lo diverso en idéntico e invariable sino que autorizan la posibilidad de las palabras y las acciones, en este sentido la ley hace aparecer a unos y otros/as como iguales frente a ella, frente a una norma consensuada, común.
Sabido es que las leyes y las instituciones que respaldan la ciudadanía no son neutras sino resultantes de un proceso de disputa, no exento de conflictos, entre actores sociales con poderes diferenciales de incidencia en los niveles de planificación de la política pública.
En el espacio escolar y su articulación con la comunidad, los actores institucionales cuentan con distintas formas de incluirse en la práctica política, entendiendo éstas como acciones cotidianas de participación e incidencia en su contexto sociocultural.
Este ámbito se plantea como el espacio privilegiado para el tratamiento de las temáticas vinculadas a las instituciones de la vida democrática, es decir a la relación de las personas entre sí y con el Estado para la constitución de un orden democrático. Se enfatiza la necesidad de discutir sobre la interfase que se produce entre Estado-sociedad, lugar de origen y disputa en torno a las cuestiones que como sociedad se establecen como prioridad.
El análisis de la relación entre Estado y Política lleva a enfatizar la interrelación Estado-sociedad para interpretar el por qué de determinadas políticas y proponer un cambio de eje. Se propone un abordaje que enfoque el análisis de las cuestiones que involucran a los y las jóvenes, en tanto problemas políticos, esto es “aquellos que requieren soluciones a través de los instrumentos tradicionales de la acción política, o sea, de la acción que tiene como fin la formación de decisiones colectivas, que, una vez tomadas, se convierten en vinculantes para toda la colectividad” para promover de esta manera una ciudadanía plena.
Por su parte los ciudadanos/as, en forma individual o a través de sus organizaciones, son garantes del ejercicio ciudadano pleno y del cumplimiento del papel del Estado como garante principal.

EL ESTADO EN ARGENTINA. LA FORMACIÓN DEL ESTADO
El concepto de Estado no es universal sino que responde a una construcción histórica. Se atribuye a Nicolás Maquiavelo el ser el primero que acuñó el término en su obra El príncipe, al proponer la unificación de las ciudades italianas a partir del poder coactivo del príncipe.
Entre otras definiciones, para el sociólogo alemán Max Weber, el Estado es el “instituto político de actividad continuada, cuando y en la medida en que un cuadro administrativo mantenga con éxito la pretensión al monopolio legítimo de la coacción física para el mantenimiento del orden vigente”. Para Karl Marx es el órgano político, jurídico e ideológico que defiende los intereses de la clase dominante.
En La formación del Estado Argentino la conformación del Estado Nacional supone a la vez la conformación de la instancia política que articula la dominación en la sociedad, y la materialización de esa instancia en un conjunto interdependiente de instituciones que permiten su ejercicio”. El Estado es, a la vez, relación social y aparato institucional.
Para la construcción del Estado Nacional en Argentina, hacia finales del siglo XIX, era necesario solucionar, tres problemas básicos: integridad territorial; la identidad nacional y el régimen político.
El Estado en Argentina se conformó bajo una forma de dominación oligárquica. Ello significó y se basa en la exclusión de la mayoría de la sociedad de los mecanismos de decisión política.
Este proceso de construcción del Estado Nación se estructuró en torno a un modelo agro exportador que tenía como objetivo incorporar como mano de obra al inmigrante europeo que excluía otros sectores como los mestizos, criollos, negros e indígenas. Pero aún dentro de esta pretensión de universalismo restringido políticamente era excluyente.
El proceso de desarticulación del Estado Oligárquico, comienza a gestarse en Argentina a partir de la crisis económica mundial de 1929.
El proceso social de migración interna, de las provincias a las nacientes industrias de la zona periférica de la ciudad de Buenos Aires lleva al escenario público a un nuevo actor social protagónico: los trabajadores de las fábricas.
Uno de los atractivos principales del peronismo reside en su capacidad para redefinir la noción de ciudadanía dentro de un contexto más amplio, esencialmente social. La cuestión de la ciudadanía en sí misma, y la del acceso a la plenitud de los derechos políticos, fue un aspecto poderoso del discurso peronista, donde formó parte de un lenguaje de protesta, de gran resonancia popular, frente a la exclusión política.

MODELOS DE ESTADO Y JUVENTUD EN ARGENTINA
La irrupción de la juventud en la escena pública en Argentina coincide con los intentos políticos de implementación de dos modelos de estado fuertemente excluyentes de amplios sectores de la sociedad: El Estado Desarrollista y el Estado Burocrático Autoritario. El desarrollista propuesto sobre todo, a partir de la presidencia de Frondizi hacia hincapié en el desarrollo de una industria pesada en el país a partir de la afluencia de capitales extranjeros.
Por otra parte, el Estado Burocrático Autoritario coincide con la dictadura militar instaurada después de golpe de Estado de 1966 y que se prolonga hasta 1973 autodenominada “Revolución argentina”.
Los y las jóvenes fueron el sector más castigado por esas políticas. Se hicieron campañas contra las minifaldas, los cabellos largos de los jóvenes y las vestimentas de colores vistosos de manera paralela a acciones tales como corte de cabellos con bayonetas de la policía, humillaciones y represión policial. Es, en definitiva, el momento del crecimiento de las organizaciones político-militares así como de la aparición de un fenómeno cultural que tendrá fuertes repercusiones sociales y políticas: el rock nacional.
El Estado terrorista implementado a partir del golpe de estado de marzo de 1976, cobró entre sus principales víctimas a los jóvenes. Según los cuadros estadísticos proporcionados por el Nunca más, casi del 45 % de los desaparecidos por el terrorismo de Estado se hallan en la franja etaria de los 16 a los 25 años, un 26 % restante se ubica entre los 26 y los 30 años.
El Estado desde su autodefinición como guardián de la nación interpeló el rol de las familias ante la “enfermedad” subversiva que corroía la sociedad. Ese lugar de amor “natural”, debía ser el encargado de preservar a la juventud.
Para los primeros años del siglo XXI, en un país donde se ha profundizado la polarización social, y donde la fragmentación, los investigadores dan cuenta de la existencia y superposición de varios modelos de ciudadanía. Por ejemplo: patrimonialista, consumidor y asistencial-participativo.

ACERCA DE LO LEGAL Y LO LEGÍTIMO
La estructura social polarizada, la segregación urbana en aumento, la fragmentación del sistema educativo, la multiplicación indefinida de gustos, consumos y estilos son todos términos que describen en el sentido de des-unión, de no reconocimiento de comunidad política, de no ser parte de un común sino de muchos desiguales y distintos.
El momento actual se puede caracterizar por un Estado más presente en las necesidades de las familias, especialmente en los sectores populares, pero discutido su rol de garante de la igualdad ante la ley.
Han sucedido cambios socioculturales que enmarcan una crisis del Estado que se produce en tres dimensiones: territorial, al no tener llegada en todo el país, funcional relacionada a la eficacia de la ley, y simbólica al disminuir la percepción de que la acción del Estado tiende al bien común.
La historia nacional y su reconstrucción en la memoria colectiva, lleva la impronta de que la violencia institucional, para el caso en su formato extremo de terrorismo de Estado, coloca una mira especial en las nuevas generaciones.
La percepción, sensación o vivencia de un sin sentido en un país que se piensa a sí mismo en crisis permanente, inmoviliza. La víctima se traduce en episodios melodramáticos, se teatralizan los acontecimientos, se reitera y evoca la violencia.
En este discurso no hay otro camino a seguir que no sea: “hay que poner orden” y “vivir seguros”, como si la desigualdad social fuera inevitable, cual melodrama apocalíptico. No vale la pena participar “si total….”, este sería el consejo a seguir.
En el contexto de la transición democrática de los años ochenta el juicio a las juntas militares limitó las revanchas personales; en la actualidad años de desinstitucionalización y naturalización de la impunidad aportan a la construcción de otras legitimidades, sectorizadas, de unos contra otros, tales como las reivindicaciones de venganza.
En este aspecto se considera que las funciones del Estado deben aportar una visión de futuro, constituir las instituciones necesarias y manejar los conflictos ya que sólo el Estado puede legalizar una nueva realidad institucional que disminuya la incertidumbre.

LO POLÍTICO Y LA ACCIÓN POLÍTICA. PARTICIPACIÓN Y DEMOCRACIA
Es posible definir la participación como “aquel conjunto de actos y actitudes que sirven para influir de manera más o menos directa y más o menos legal en las decisiones, en el sistema político o en cada una de las organizaciones políticas, así como en su selección, para conservar o modificar la estructura del sistema de intereses dominantes”.
En este aspecto consideramos fundamental no solo la participación de los/las jóvenes sino la “participación con decisión” para generar una correlación de fuerzas tal que permita introducir cuestiones desde sus necesidades. La falta de participación deja espacio libre para la acentuación de los rasgos dominantes del sistema y para los privilegios de unos pocos sobre la mayoría.
Es momento de encontrar para la escuela un discurso que logre superar los hábitos de una autoridad anclada en visos de autoritarismo, de un respeto entendido como sostenimiento de la jerarquía antes que como reciprocidad entre los diferentes actores institucionales.
La concreción de una convivencia democrática en las escuelas ha pasado a ser uno de los anhelos del sistema educativo.
De esta forma «lo que la política democrática requiere es que los otros no sean vistos como enemigos a ser destruidos sino como adversarios cuyas ideas serán combatidas, incluso de modo virulento, pero cuyo derecho a defenderlas nunca será puesto en cuestión»
INCIDIR EN LAS POLÍTICAS PÚBLICAS
Un primer punto a señalar es el por qué de la importancia de las políticas públicas en particular y del Estado en general.
El análisis de las políticas públicas resulta de vital importancia ya que mediante ellas, los gobiernos ponen en práctica cursos de acción, es decir modifican las condiciones de vida”.
El enfoque interrelacional nos permite ver de qué manera interactúan Estado y sociedad, al reconocer los intereses de los distintos actores mediante el doble proceso de autonomía frente a los actores sociales influyentes, y de articulación con los mismos a través de redes formales e informales.
En primer lugar el inicio de toda política pública se encuentra en que determinado problema se convierte en una cuestión socialmente problematizada ya que afectan los intereses de algún o algunos actores políticos.
Es importante llamar la atención que la relación Estado-sociedad también se configura en el plano de las ideas. La cultura política demarca el campo de posibles, los límites de lo pensable en cada institución en particular y en cada sociedad en general. Muestra la naturaleza de los derechos de los sujetos y los reclamos legitimados así como las desigualdades toleradas.
Estado y política es el ámbito para situar los intereses de las y los jóvenes en su vinculación con el Estado, la política y lo político, como pensamiento y acción transformadora de la realidad.
Yaser Ale
Fabián Cárdenas

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