viernes, 24 de octubre de 2008

Sexualidad y Género

La temática de la sexualidad en su abordaje supone un doble trabajo en la medida en que quienes hablan y quienes reciben el mensaje están atravesados por aquello que pretenden observar, problematizar y cuestionar. El primero se refiere a que resulta difícil no sentirse incluido en lo dicho, y por lo tanto exige un pensamiento esforzado, profundo. El segundo trabajo propone considerar los conocimientos como perspectivas, para pensar el mundo cotidiano. Por ello resulta indispensable recurrir a herramientas que permitan leer y pensar acerca de la realidad de las y los adolescentes y jóvenes de hoy.
Estudiar hoy cuestiones ligadas a la sexualidad es indagar en el territorio menos “natural” en la vida de los seres humanos, pero a su vez, en la dimensión de la vida humana más “naturalizada”. Dice Lévi-Strauss (1969) que el encuentro de los sexos es el terreno en que naturaleza y cultura se enfrentaron por primera vez. Es preciso entonces abordar las representaciones de sexualidad y de género y reflexionar acerca de cómo atraviesan a los sujetos y su identidad, y entrelazan los modos de relación con los otros y con los espacios donde se despliegan sus acciones.
Enseñar y aprender sobre la sexualidad lleva a pensar el cuerpo. Asimismo, inscribir esta cuestión en la adolescencia implica considerarla como momento de cambios y transformaciones que subsumen al cuerpo infantil y que determinan reediciones, nuevos sentidos de esa infancia en la dimensión psicológica de los sujetos. Las formas de ver, sentir, de goce y relación con los otros y con el mundo, de amar y ser amado que construyen las y los adolescentes y jóvenes se despliega en un espectro de prácticas culturales que las y los identifica, y a través de las cuales exponen al mundo adulto su afán de crear “su lugar en el mundo”.

La sexualidad atraviesa los caminos para la construcción de la identidad social. Rasgos de estas se pueden reconocer en las interacciones cotidianas donde los jóvenes a través de las practicas culturales diferenciadas crean espacios específicos de filiación e inserción, puramente constitutiva, que transforman el orden social al que pretenden transgredir por medio de marcas de novedad.
Las prácticas culturales en su relación con la identidad y la filiación, referida a ciertos ritos como los de pasaje de etapas, por ejemplo la adolescencia, que permitían cierta identificación de los jóvenes, han perdido o han transformado su significado como consecuencia de las modificaciones sociales, económicas y culturales, lo que produce que se aleje cada vez mas de ser las bases de referenciación identitaria.
Ante esta situación, la escuela puede funcionar como un espacio que habitan los/as y donde debe operar una estructura simbólica y asimétrica, que les permita ser reconocidos como tales. De esto se desprende la importancia de que los/as docentes participen y co-construyan con los jóvenes, ritos que “hagan marca”, que refuercen las vías de experimentación intersubjetiva de la juventud en términos de propiciar su empoderamiento ciudadano, a partir del reconocimiento y la integración a la dinámica escolar de la estética y los modos de comunicación y de expresión propios de los/as jóvenes, a fin de acompañarlos/as en la construcción de su “estar” y habitar la escuela de manera proactiva.
Por otro lado la escuela como ámbito preferenciado para la transmisión de saberes debe enseñar a reconocer, promover, respetar y defender les derechos sexuales que son derechos humanos basado en la libertad inherente, dignidad e igualdad para todos los seres humanos y que su conocimiento es fundamental para que todas las personas desarrollen una sexualidad saludable.
En el eje de ciudadanía se enuncian los derechos de sexualidad como parte del derecho a la salud y como un derecho humano básico. Ciudadanía es un conjunto de prácticas sociales que despliegan, en este caso las y los adolescentes y jóvenes, en su relación con los otros. Todos los modos de relación humana son tales porque están sometidas a una legalidad, ley que alcanza a todos los miembros de una sociedad. Así cada sujeto decidirá, elegirá su modalidad de vida, en lo sexual, lo cultural, en el trabajo, sabiendo que los limites son los de la ley, al mismo tiempo que esa ley la preserva de la arbitrariedad de los otros. Se trata nuevamente de la noción de corresponsabilidad que da sentido de inclusión en una comunidad.
Un proceso de construcción de ciudadanía implica necesariamente la revisión de estereotipos y prejuicios vinculados al género y largamente fijados en los imaginarios sociales hegemónicos. El género, como dimensión estructurante de identidades de jóvenes y docentes, atraviesa todos los espacios en que éstas se expresan, habilitando o prescribiendo de diferentes maneras el arco de lo culturalmente admisible respecto del “ser mujer” y el “ser varón” en cada contexto.
Por último, tanto hombres como mujeres despliegan su dimensión de género en contextos cuyos elementos constitutivos son el origen de clase, las experiencias históricas y los discursos hegemónicos y alternativos. Por ello, la temática del género no abarca solamente los proyectos que puedan desarrollarse en la materia Construcción de Ciudadanía vinculados a la sexualidad sino que debe tomarse como perspectiva analítica de toda la enseñanza con el propósito de contribuir a la modificación de desigualdades y estigmatizaciones de larga data en las representaciones sociales, y que los docentes y jóvenes suelen reforzar y reproducir.
María Otermin
Alba Cruceño

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