lunes, 23 de septiembre de 2013

Manuales de civismo y análisis del discurso ideológico

I.S.F.D. N°129

Materia: Perspectiva Sociopolítica
Profesora: Liliana Ponce 
Estudiantes: 
Luciano Foieri - Georgina Navecilla -Renzo Ridolfi 
Juan Cruz Rondan - Francisco Zilberman


Introducción:
“La formación de un argentino, los manuales de civismo entre 1955 y 1995” es un texto de investigación y análisis, realizado por Silvina Quintero y Luciano de Privitellio, que se propone indagar los manuales educativos utilizados en las escuelas para la educación cívica durante el periodo de tiempo señalado en el título del proyecto (la segunda mitad del siglo XX). Estos textos son exactamente: de 1952, “Cultura Ciudadana”; de 1955, “Educación Democrática”; de 1973, “Estudios de la Realidad Social Argentina”;  de 1976, “Formación Cívica”; de 1978, “Formación Moral y Cívica”; y de 1983, “Educación Cívica”.
Dichos manuales, tienen la función de transmitir a los alumnos de las escuelas todas las características que un “argentino ideal” tiene que poseer, cumpliendo dos roles diferenciados dentro del sistema educativo: el de enseñar todo lo referente al andamiaje institucional y jurídico del Estado, como la Constitución, las formas de gobierno y demás (que se relacionan con la cívica). Y, por otro lado el de explicar una serie de características, que a criterio de cada autor, deberán encontrarse ligadas al “argentino ideal” desde una perspectiva histórica y geográfica, demostrando cómo estas, determinan al menos una parte del ser de los argentinos.
Los autores, durante su análisis dan por entendido el hecho de que todos los manuales que han regido en las escuelas durante el período a investigar fueron escritos por diferentes personas y en ejercicio de diferentes formas y sistemas de gobierno, por lo que sus enunciados no siempre son los mismos y, lo que es preciso, suelen ser muy diferentes, ajustándose a las pretensiones, necesidades y deseos del estado, en torno a lo que el mismo considera un sujeto “ideal”. De esta manera, los investigadores lograron identificar en este periodo de la historia argentina, dos prototipos de “argentino ideal” a educar, a los que llamaron el “Hombre argentino” (que predomina en los manuales del 50’ hasta los de finales de la última dictadura militar, que apunta a la homogeneidad del hombre partiendo desde la base en un mundo global al que se considera irremediablemente dividido en dos partes según los clivajes impuestos por la Guerra Fría) y el “Ciudadano Argentino” (que surge en el manual del 1983 y sigue hasta estos días, que se construye a partir de una visión que se apoya con mucha fuerza en su pasado reciente para proyectar desde allí su relación con los otros respetando la diversidad de perspectivas).
Por último, los investigadores no rechazan el concepto de “el otro” en su investigación (el extranjero), sino que afirman que ese “otro” forma una parte muy importante de la construcción de una identidad propia (de “el yo”), a través del imperio de la “diferencia”.


Desarrollo:

Imagen del argentino y el extranjero de 1950 a la actualidad:

Durante el período comprendido entre los años 50’ y 1983, los manuales de civismo cuyo objetivo era educar, en las escuelas de la República Argentina al “argentino ideal”, venden la necesidad de crear un “Hombre argentino” que se adapte a una sociedad militarista, neotomista (es decir, que desarrolle la filosofía teísta) y socialcristiana, tomando a este socialcristianismo como una doctrina destinada al crecimiento y el progreso a través de la solidaridad. El hombre debía, según los manuales de la época, ligarse al fanatismo religioso militante mediante una visión clerical y confesional de la realidad social, la cual como es evidente, se encontraría contundentemente atravesada por la religión. 
El  periodo de la Guerra Fría marco en la Argentina su propósito moral en el mundo, separándolo del lado demoniaco del comunismo, afirmando no pertenecer al primer mundo (el capitalismo occidental) ni al segundo mundo (el comunismo oriental) orientándose a una línea “tercermundista”, aliada al bando democrático occidental, pero que conserva (como se mencionó anteriormente) cierto individualismo egoísta en cuanto a lo que  valores y creencias refiere. Frente a esta situación, los manuales de civismo de la época no ponen nunca en evidencia el carácter de los gobiernos de facto, falseando sobre la existencia de una democracia argentina como “modo de vida”, (realmente inexistente), ocultando la proscripción de partidos políticos (principalmente los de raíz peronista) y la reiterada violación a los derechos humanos. Esta supuesta democracia era justificada por los manuales a través del estudio o el análisis de la Constitución Nacional, proceso que se daba en todas las escuelas del país. 
Para los gobiernos que dirigieron el país durante este periodo histórico, los “Hombres argentinos” debían ser educados en pos de formar una nación libre, llamada Nación argentina o República Argentina, caracterizada por un pueblo regido bajo la “… misma lengua, instituciones, creencias y tradiciones comunes…”, basándose en una visión abstracta del “hombre” asociada con el humanismo moralizante socialcristiano de nivel universal y en la atención al carácter nacional de los valores y contenidos curriculares (es decir, la militancia patriótica).
El ser un “Hombre argentino” no significaba solo haber nacido en el territorio, sino haberse formado en él, estando de alguna manera, ligado a su historia y su geografía manteniéndose ligado a los conceptos de:

La patria: Los manuales de civismo de la época la consideran sagrada, inmutable, inserta en la naturaleza humana y depositaria de una misión de grandeza y trascendencia universal. La patria argentina es capaz de incorporar una marcada pluralidad de ideas, razas o creencias, a condición de que todas éstas queden subsumidas en esta rígida definición. En las escuelas se vincula el patriotismo en el presente con la historia pasada. Se suele utilizar al término como sustituto del de nación.
Familia y sociedad cristiana: La Nación argentina es considerada una unidad religiosa, y sus habitantes e instituciones, sus principales componentes. El ateísmo o la incredulidad (al Dios Judeo Cristiano de Abraham) es considerada una acción subversiva y ajena frente a los intereses del estado. La creencia o el culto a un dios que no sea el anteriormente nombrado no es mal vista aunque puede que se dé cierto rechazo dependiendo del caso (por ejemplo, se da una especie de antisemitismo, justificado en el manual de “García y García”, por la “culpa” de la colectividad judía frente a la crucifixión de Jesucristo). Existe, según los investigadores, una patria católica que no solo forma parte de un ideal  de identidad total, sino que se expresa materialmente en un verdadero modelo de “comunidad nacional”. Se enseña que la familia es el pilar de la sociedad puesto que, naturalmente, un grupo de familias conforma un barrio, los que en conjunto forman ciudades, las que en grupos conforman partidos, que a su vez forman provincias y, por supuesto, estos últimos se agrupan para formar un país; de esta manera, los autores de los manuales de la época, redactaran que debe enseñarse a los alumnos que la familia (católica, correcta, con valores y principios, que respeta la jerarquía del padre como jefe de hogar, la madre como ama de casa e hijos como aquellos subordinados a los cuidados de estos jefes) es la institución más importante que existe. Todo aquello que atente contra esta institución (como el aborto, el divorcio y el amor libre) es considerado subversivo frente a los valores nacionales.

Así, cualquiera que no fuera lo que los manuales indicaban no era un “Hombre argentino”, pues se consideraba ajeno a los valores que el estado proponía. Es entonces cuando este individuo pasaba a convertirse en “subversivo”, es decir lo opuesto a ese “Hombre argentino”.
Para el estado, un subversivo ( que en este caso sería “el otro”)  deja de considerarse un miembro de la comunidad nacional, e incluso de la humana, relegándole todos sus derechos inherentes a la Constitución Nacional y a sí mismo, en su carácter de ser humano, por el hecho de cargar en contra de los valores e intereses nacionales. Por esta razón se promueve el imperio del terror militar a fin de crear una nación esencial, homogénea y definida.

Luego de la última dictadura (que tuvo lugar desde el año 1976 hasta el año 1983), se formula en los manuales de civismo la educación de un “argentino ideal” llamado “Ciudadano Argentino” (ya no “Hombre argentino”) que debe formarse en una sociedad estructurada bajo tres reglas principales: la democracia (en la vida formal y en la vida política), el respeto hacia los derechos humanos (lo que da lugar a la aceptación frente a la variedad de perspectivas) y la organización mundial de la relación entre los estados (que con el fin de la polarización -primer/segundo mundo- gracias al fin de la Guerra Fría y el comienzo de la formación de un “Mundo Globalizado” se hace necesaria a fin de proporcionar un espacio de deliberación entre las distintas naciones del planeta).
Este “ciudadano” es el sujeto ideal de la sociedad políticamente organizada en un Estado democrático, y dicho estado debe ampararlo, protegerlo y garantizarle todos sus derechos inherentes, principalmente a través de la utilización de la democracia, (ya no como un “estilo de vida” moral), sino como un sistema político que, según los manuales, garantice un convivencia pacífica del sujeto (a nivel interno y con otras sociedades) y el respeto de los derechos humanos.
Se comenzó a dar en los manuales de esta época, referencias empíricas al pasado y presente nacional e internacional, así como la transformación de la Constitución Nacional en un símbolo y, posteriormente, la vigencia de los derechos civiles y el respeto a las diferencias culturales haciendo referencia a la diversidad de instituciones que participan en la vida pública de un país.
Se toma con mucho énfasis la palabra “convivencia”, que debe aplicar el ciudadano tanto en la “comunidad humana” (respetando los derechos humanos), como en la “comunidad nacional” (respetando los derechos la legitimidad constitucional) y también en la “comunidad internacional” (respetando el código que los distintos Estados democráticos acuerdan en el marco de organismos y tratados internacionales). En esta construcción, los manuales sugieren que existen legalidades que se encuentran por encima de los valores propios y/o de las instituciones locales. En otras palabras, los valores propios (nacionales) y las normas locales (constitución, instituciones estatales) no deben contradecir los valores universales (derechos humanos) ni las normas de convivencia supranacionales, sino armonizarse con ellos.
Los manuales, acaban con el discurso dogmático sobre la identidad nacional y a partir de ese momento lo que define al “nosotros” (es decir, lo que crea la identidad nacional) es la existencia de un pasado en común que nos une. Por otro lado, se define al Estado como la organización jurídica propia del país, mientras que se dice que la nación se asocia con un sentimiento, por lo que nacer en un país solo define tu participación en el Estado, pero no tu pertenencia a la nación.
Se instruye a los alumnos frente a temas de soberanía territorial, política, económica y cultural, fin de salvaguardar los intereses nacionales, principalmente fronterizos, de naciones (limítrofes o no limítrofes) que pudieran adoptar una actitud expansionista frente a la Argentina. De esta manera se conforma una especia de temor a la violación de “nuestra” soberanía (nacional), por parte del “otro” (extranjero) , problema frente al que se denotan dos posturas (dependiendo de la opinión del autor que escribió el manual) ya que, puede ser que se dé una resistencia por parte de la población por temor a una pérdida de identidad a través de una demarcación de la “mayoría”, o bien, que se acepte la pluralidad y la heterogeneidad como parte del hombre creando una “sociedad
Plural” en torno de algunos rasgos comunes además de los valores compartidos.

Análisis del discurso ideológico:

Pueden considerarse a los manuales de civismo analizados anteriormente como discursos ideológicos, puesto que si son analizados, se podrán encontrar en ellos las relaciones y los intereses del grupo que intenta comunicar el mensaje. Dichos intereses se encuentran en juego y podemos suponer también que ponen de manifiesto una estructura polarizada, que denota su posición frente al tópico a tratar. 
El análisis del discurso ideológico pretende, en un todo, relacionar estas estructuras del discurso, (en este caso la de los manuales de civismo) con las estructuras sociales. Las propiedades o relaciones sociales de clase, género o etnicidad, son asociadas sistemáticamente con unidades estructurales, niveles, o estrategias de habla y de textos incorporadas en sus contextos sociales, políticos y culturales. 
El análisis ideológico examina, entonces, que ideologías se encuentran particularmente asociadas con esa posición; por ejemplo cuando se habla en ciertos manuales de la necesidad de educar a un hombre que milite religiosamente, cree un culto a la patria y a la familia como algo sagrado e infaltable y se incline a la homogeneidad como parte de sí mismo, nos estamos refiriendo a un hablante que claramente, no es ideológicamente liberal sino que es una persona de ideología conservadora, pues reivindica instituciones arcaicas, que se organizan burocráticamente y se encuentran regidas por reglas tajantes que impiden a toda costa el libertinaje de quien se encuentra introducido en ella funcionando como métodos de control, que el hablante desde su posición puede (como también no) usar en su provecho, para definir esto último,  tenemos tener en cuenta que las ideologías son sumamente abstractas, pues debe tenerse siempre en cuenta al analizarlas la condición y posición del hablante y el contexto en el que se encuentra este al transmitir el discurso. 

Bibliografía:
“La formación de un argentino, los manuales de civismo entre 1955 y 1995” de Silvina Quintero y Luciano de Privitellio.
“Análisis del discurso del discurso ideológico” de Teun A. van Dijk.

Los invitamos a ver este video de las "Viudas e hijas de Roque Enroll" de 1986 alusivo a la familia argentina:


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